En una emotiva exposición, el expresidente de Bolivia, Carlos Mesa, rememoró con pasión y determinación el histórico 10 de octubre de 1982. Hace 41 años, se encontraba en la Plaza Murillo, rodeado de una multitud jubilosa, celebrando la llegada del presidente Siles Suazo al Gobierno. Desde el balcón de Palacio de Gobierno, escucharon el mensaje de esperanza y apertura que marcó un nuevo comienzo para Bolivia.
Aquella fecha no solo fue un evento político, sino un hito en la lucha del pueblo boliviano por recuperar la democracia, que había sido sometida a años de opresión. Mesa recordó que esta lucha se inició en 1977 con la huelga de las mujeres mineras y culminó en la restauración de los valores fundamentales de la libertad, la independencia de poderes, el respeto a la Constitución y la libertad de expresión.
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Hoy, en un contexto muy distinto, Carlos Mesa expresó su nostalgia y alegría por haber sido parte de aquel momento histórico, no solo como testigo periodista, sino como protagonista de una gesta que cambió el rumbo de Bolivia. Sin embargo, sus palabras se tornaron críticas y reflexivas cuando se refirió a la situación actual del país.
El expresidente hizo un cuestionamiento profundo sobre el estado de la democracia en Bolivia en la actualidad. Señaló que, lamentablemente, la palabra “democracia” parece no ser respetada en la práctica. Describió la situación como un autoritarismo que se acerca peligrosamente a la dictadura, independientemente de quien ostente el poder, ya sea Morales o Arce.
Mesa destacó la importancia de recuperar el respeto mutuo en la sociedad boliviana, independientemente de su origen étnico, social o político. Hizo un llamado a la reconciliación nacional como primer paso hacia la construcción de un espacio democrático real, donde los poderes sean independientes y donde la economía no hipoteque la democracia.
En un país con recursos naturales tan valiosos como el oro y los hidrocarburos, Carlos Mesa instó a protegerlos y utilizarlos para el bienestar de la nación en lugar de permitir su destrucción. Concluyó su discurso con un llamado a las nuevas generaciones y a todos los ciudadanos a asumir el desafío de restaurar la verdadera democracia boliviana, recordando que el 10 de octubre de 1982 marcó el nacimiento de un nuevo país que merece ser recuperado y fortalecido.
Transcripción del video:
“Hace 41 años, yo estaba en la Plaza Murillo, en medio de una gran multitud. Estábamos celebrando el 10 de octubre de 1982, la llegada del presidente Siles Suazo al Gobierno, y lo veíamos y lo escuchábamos desde el balcón de Palacio de Gobierno diciéndonos que ese era un momento de esperanza, que ese era un momento de apertura, que ese era un momento nuevo, y lo fue. Fue parte de una decisión del pueblo boliviano que luchó heroicamente por la reconquista de la democracia, que había comenzado una lucha con la huelga de las mujeres mineras en 1977 y que logró recuperar los valores fundamentales de la libertad, la independencia de poderes, el respeto a la Constitución, el respeto a la libertad de expresión.
Hoy siento la nostalgia, la alegría de haber estado como protagonista, no como un testigo periodista entonces, de ese momento. Pero decimos, ¿qué es lo que nos hemos encontrado ahora? ¿Qué es lo que tenemos hoy? ¿Qué es lo que tenemos hoy como democracia? ¿Se respeta la palabra democracia? La respuesta es no. Vivimos un autoritarismo muy próximo a la dictadura. Lo mismo da que sea Morales o que sea Arce. Lo mismo da que sea el más Arcista o el más Evista; lo que da es una terrible frustración y un desafío fundamental para quienes queremos construir una democracia real, para quienes queremos recuperar la democracia que el país necesita.
Un país en el que podamos volver a hablar y decirnos unos a los otros a los ojos, mirándote de frente: Yo te respeto a ti y tú me respetas a mí. Eso es fundamental. El respeto al otro, sea indígena, no indígena, mestiza, mestizo, blanco, sea parte del oriente o del occidente. Creo que eso es lo que tenemos que lograr. Primero, la reconciliación nacional. Segundo, la construcción de un espacio democrático real con independencia de poderes. Tercero, terminar con esta falacia y esta mentira de una democracia hipotecada económicamente, con un oro ignorado, con unos hidrocarburos destruidos. Eso es lo que nos toca hacer, a ustedes las nuevas generaciones, a nosotros, con la experiencia que tenemos, la lógica de decir, “Este es el momento de recordar el diez de octubre de 1982″, porque fue un momento fundacional del nuevo país que tenemos que recuperar.”






