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En favor de la discusión ideológica

Luis Guillermo Solís Rivera Expresidente de la República de Costa Rica Parto diciendo lo que posiblemente para algunos de mis lectores será una afrenta: todavía…

Luis Guillermo Solís Rivera

Expresidente de la República de Costa Rica

Parto diciendo lo que posiblemente para algunos de mis lectores será una afrenta: todavía creo en las ideologías. Es decir, en el conjunto de postulados económicos, políticos y sociales que, ordenados por un cuerpo articulado de principios y valores, caracterizan a un grupo de personas, sociedades o incluso épocas históricas en las que puedan ser dominantes. En especial porque “tico” hasta la médula e historiador profesional, me cuento entre quienes ven en las ideologías no camisas de fuerza que restringen, desorientan, alienan y hasta matan, sino mapas que, leídos en clave de sano pragmatismo, ayudan a líderes y naciones a llegar a buen puerto de manera segura y ordenada. Y también, como instrumentos para revisar nuestros propios criterios y someterlos a una sana autocrítica. Todo ello, por supuesto, en clave democrática, pues hay ideologías que claramente no lo son y sólo males le han acarreado a la Humanidad.

Admito que quienes pensamos así, somos criaturas en vías de extinción. El proceso de “desideologización” se inició hacia finales de la década de 1980 y se ha profundizado desde entonces.

Es decir, aunque el debate actual es probablemente en su esencia, más “ideológico” que nunca, el abandono de las grandes escuelas del pensamiento por aproximaciones más eclécticas y, por qué no decirlo, oportunistas, prevalece. Eso explica en buena medida por qué nuestras sociedades han perdido todo interés en entender las causas de los fenómenos que las afectan y amenazan. En nuestros días, la gente quiere soluciones rápidas, acotadas y sin mucha discusión. Se lucha por “causas”, no por “tesis”, y quien proponga una alternativa basada en objetivos medianamente racionales pero que requieren grados mínimos de reposo para alcanzarse, es de inmediato acusado de ser un inútil, incapaz, e indigno de recibir la confianza pública.

Este fenómeno, que predomina en las sociedades occidentales incluida la nuestra, alimenta la “ingobernabilidad”. Es decir, la incapacidad de los agentes políticos y económicos de responder a las demandas de la gente en un marco relativamente ordenado, transparente y eficaz. Un marco en donde esas demandas se logran articular e intermediar por instituciones y valores que -al menos en la democracias liberales y representativas- tienen fundamento en dos piedras angulares: el estado de Derecho y la legitimidad de los mandatos que de éste emanan. Cuando eso no existe, los colectivos nacionales quedan a la deriva y son presas de la improvisación, el cortoplacismo, y más recientemente como lo sabemos bien en Costa Rica, del populismo, la desinformación, la mentira y la polarización deliberada que divide y violenta la sana convivencia social.

Lamentablemente, por la noche “todos los gatos son pardos” y supuestamente “da igual” quién gobierne porque se da por cierto que “no hay una fórmula ideológica para recoger la basura”. Eso no lo dijeron los “Chicago Boys” sino un comunista chino, Deng Xiao Ping, a propósito de otros gatos.

Pero al final el resultado es el que tenemos: una ausencia total de visiones integrales del mundo (que hoy se esconden en etiquetas tan indefinidas como “conservador” o “progresista”), un desprecio por la Historia y las instituciones, una ignorancia generalizada sobre los fenómeno sociales, y ya varias generaciones de líderes quienes, alegando pragmatismo, son en realidad inveterados social confusos.

No miro con nostalgia los tiempos idos, pero sí veo una necesidad de retomar el debate ideológico.

Urge recuperar la conciencia perdida en una selva en donde da igual ser minino que jaguar.

Fuente de la publicación original

https://www.diarioextra.com/noticia/en-favor-de-la-discusion-ideologica/

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