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Sistemas de cuidados: una deuda pendiente con las mujeres

¿Quién cuida? una pregunta que llama a la reflexión sobre la importancia de los sistemas de cuidados y su vinculación proporcional al desarrollo de las…

¿Quién cuida? una pregunta que llama a la reflexión sobre la importancia de los sistemas de cuidados y su vinculación proporcional al desarrollo de las mujeres y el bienestar social; especialmente cuando la respuesta es que, según el análisis del PNUD, en la mayoría de los países de Latinoamérica un promedio de 74% del trabajo doméstico y cuidado no remunerado es llevado a cabo por mujeres en relación al restante por hombres dedicados a esta tarea. Es justo ahí donde se entiende la necesidad del compromiso social y político para continuar fortaleciendo las políticas públicas en materia de cuidados, y esto representa una gran oportunidad para apostar a la equidad de género en la región.

Los sistemas de cuidados buscan formalizar las actividades de cuidado, asistencia y apoyo a las personas que lo requieren (infantes, personas con condiciones especiales, adultos mayores, entre otros), basado en el reconocimiento de derecho, con la finalidad de que los demás puedan continuar sus labores en otro plano de la sociedad. Quiere decir que esta relación debe ser reconocida como tal: un trabajo esencial para que los demás sectores de la sociedad continúen desarrollándose.

Existe una deuda histórica que exige la valorización de este trabajo y su reconocimiento como parte del motor económico de las comunidades, así lo evidencia el análisis por parte del PNUD en América Latina y el Caribe que destaca las labores domésticas no remuneradas representadas en un promedio del 21% del PIB de la región, con una aportación femenina de un 15.7% frente a un 5.7% representado por los hombres. 

Los líderes tanto del ámbito público como privado en la región deben asumir el compromiso de impulsar políticas en materia de cuidados con un triple abordaje: fomentar el desarrollo de la mujer en los diversos ámbitos de la sociedad, garantizar los derechos laborales de quienes cuidan y dignificar la vida de quienes son cuidados por profesionales formados sobre condiciones específicas.

Países como Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, y República Dominicana, han avanzado con la creación de normativas y políticas en materia de cuidados, muchos se encuentran debatiendo en diversas instancias públicas. Uruguay ha concebido el cuidado como un derecho, a través de la Ley que crea el Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC) y que lo posiciona como el país pionero en la región.

A través de otras iniciativas legislativas que integran el trabajo doméstico remunerado, corresponsabilidad y licencias maternales, de paternidad y parentales, entre otras medidas, se van encaminando las acciones para la creación de estas políticas de cuidados, no obstante, en Latinoamérica es evidente la necesidad de compromiso para que más países implementen acciones para institucionalizar los sistemas de cuidados. Y, es que es una obligación al que están llamados los gobiernos para garantizar los derechos humanos y justicia social, impulsar la igualdad de género, fomentar el desarrollo económico y social, así como fortalecer el sistema democrático a través de sociedades más equitativas.

Para hacerlo posible, comparto algunos aspectos importantes a considerar en la articulación de estas políticas que se constituyen como una herramienta social estrechamente vinculado al desarrollo y avance de las mujeres:

La participación igualitaria en la vida pública y política. A través de los sistemas de cuidado se crean oportunidades para que las mujeres puedan destinar el tiempo que deben dedicar únicamente a los roles de cuidado y trabajo, a participar e integrarse en actividades políticas, académicas y de su desarrollo en sentido general. 

El reconocimiento del trabajo de cuidado. Es esencial valorar el rol de los cuidados y su aportación a la economía en la sociedad, asimismo, se deben asegurar las condiciones de trabajo digno y los derechos laborales para quienes se dedican a esta tarea. Con esto reducimos la desigualdad salarial y de género. 

La corresponsabilidad del sector público, privado y las familias. Es necesario redistribuir las responsabilidades entre el Estado, el sector privado y las familias a través de mejores políticas sobre licencias de paternidad y corresponsabilidad en el hogar, que ayudaría a equilibrar la carga de trabajo entre hombres y mujeres. Además, de fomentar espacios como guarderías en los trabajos y transversalizar en ambos sectores las iniciativas en materia.

Y, el uso de tecnología e innovación en el cuidado. Mejorar la calidad del cuidado a través de plataformas digitales que acerquen a los cuidadores, sus familias y quienes cuidan de ellos. Esto promueve la independencia de las personas que requieren cuidados, pues pueden acceder a su histórico de cuidado, además de poder ser monitoreados por sus familias. Esto es de suma importancia para dignificar este trabajo.

Sin sistemas de cuidados no existe un reconocimiento al rol que ejerce la mujer y su aportación a la economía, estamos carentes de una sociedad equitativa y que garantice sus derechos, y esto claramente evidencia que no es posible el desarrollo de los demás sectores sin mujeres. Necesitamos continuar visibilizando por los derechos, igualdad y empoderamiento para todas.

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